Celebran 400 años del nacimiento del Carisma Vicentino


Con el lema: “Fui forastero y me recibiste...” (Mt 25, 35), la Fami- lia Vicentina en todo el mundo está celebrando un año Jubilar en el que se conmemora el cuarto centenario del nacimiento de su carisma de ser- vicio a los pobres.

El año de 1617 es decisivo en la vocación de San Vicente de Paúl por dos acontecimientos: el 25 de enero, el santo predicó el “Primer Sermón de la Misión” en Folleville (Francia) tras la confesión, días an- tes, de un campesino moribundo que lo hizo darse cuenta del aban- dono espiritual de los pobres del campo; y unos meses más tarde, en agosto del mismo año, en su expe- riencia como párroco del pueblo de Châtillon, se vuelve a encontrar con la pobreza y la miseria que le transforman al vida al Santo de la Caridad. Fundo entonces las Cofra- días de la Caridad; hoy Voluntarias Vicentinas.

Vicente de Paúl percibió que era necesario “instruir a la gente”, hacer- les conocer de su dignidad, cambiar- les a niveles más elevados en cuanto seres humanos y enseñarles las ver- dades del proyecto de Dios. Los dos grupos de Voluntarias Vicentinas de esta ciudad, Volun- tarias Vicentinas de Baja California y Fundación Santa Luisa de Mari- llac, se han estado reuniendo para llevar a cabo un programa de ac- tividades en el marco de esta gran celebración.

El día 8 del próximo mes de junio recibiremos en esta Diócesis la visita de la imagen de San Vicente de Paúl con una reliquia, como parte del gran “Recorrido Jubilar de las Reliquias de San Vicente de Paúl por todo México”. Se invita a toda la comunidad a unirse a darle la bienvenida y cono- cer más de la vida de este gran San- to de los pobres, que es reconocido en la Iglesia como Patrón Universal de la Caridad. Posteriormente se in- formará del programa de actividades en nuestra ciudad, a llevarse a cabo del día 8 al día 11 de junio.

En la actualidad, la Familia Vicen- tina está conformada por 225 ramas de diferentes comunidades de vida consagrada y asociaciones laicales en más de 80 países alrededor del mun- do. Entre las ramas más destacadas y conocidas se encuentran la Aso- ciación Internacional de la Carida- des, conocidas en nuestro país como Voluntarias Vicentinas, así como Los Sacerdotes de la Congregación de la Misión y las Hijas de la Caridad.

La alegría de anunciar el evangelio

En este momento, con in- certidumbres en el corazón, nos preguntamos con Tomás: “¿Cómo vamos a saber el camino?” (Jn 14, 5). Jesús nos responde con una propuesta provocadora: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14,6). Él es el verdadero camino hacia el Padre, quien tanto amó al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna (cf. Jn 3, 16). Ésta es la vida eterna: “Que te conozcan a ti el único Dios verdadero, y a Jesucristo tu enviado” (Jn 17,3). La fe en Jesús como el Hijo del Padre es la puerta de entrada a la Vida. Los discípulos de Jesús confesamos nuestra fe con las palabras de Pedro: “Tus palabras dan Vida eterna” (Jn 6, 68); “Tu eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo” (Mt 16, 16).

Jesús es el Hijo de Dios, la Palabra hecha carne (cf. Jn 1,14), verdadero Dios y verdadero hombre, prueba del amor de Dios a los hombres. Su vida es una entrega radical de sí mismo a favor de todas las personas, consumada definitivamente en su muerte y resurrección. Por ser el Cordero de Dios, Él es el Salvador. Su pasión, muerte y resurrección posibilita la superación del pecado y la vida nueva para toda la humanidad. En Él, el Padre se hace presente, porque quien conoce al Hijo conoce al Padre (cf. Jn 14,7). Los discípulos de Jesús reconocemos que Él es el primer y más grande evangelizador enviado por Dios (cf. Lc 4,44) y, al mismo tiempo, el Evangelio de Dios (cf. Rm 1,3). Creemos y anunciamos “la buena noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios” (Mc 1,1). Como hijos obedientes a la voz del Padre, queremos escuchar a Jesús (cf. Lc 9,35) porque Él es el único Maestro (cf. Mt 23,8). Como discípulos suyos, sabemos que sus palabras son Espíritu y Vida (cf. Jn 6,63,68). Con la alegría de la fe, somos misioneros para proclamar el Evangelio de Jesucristo y, en Él, la buena nueva de la dignidad humana, de la vida, de la familia, del trabajo, de la ciencia y de la solidaridad con la creación.

La buena nueva de la dignidad humana.

Bendecimos a Dios por la dignidad de la persona humana, creada a su imagen y semejanza. Nos ha creado libres y nos ha hecho sujetos de derechos y deberes en medio de la creación. Le agradecemos por asociarnos al perfeccionamiento del mundo, dándonos inteligencia y capacidad para amar; por la dignidad, que recibimos también como tarea que debemos proteger, cultivar y promover. Lo bendecimos por el donde la fe que nos permite vivir en alianza con Él hasta compartir la vida eterna. Lo bendecimos por hacernos hijas e hijos suyos en Cristo, por habernos redimido con el precio de su sangre y por la relación permanente que establece con nosotros, que es fuente de nuestra dignidad absoluta, innegociable e inviolable. Si el pecado ha deteriorado la imagen de Dios en el hombre y ha herido su condición, la buena nueva, que es Cristo, lo ha redimido y restablecido en la gracia (cf. Rm 5, 12-21).

Alabamos a Dios por los hombres y mujeres de América Latina y El Caribe que, movidos por su fe, han trabajado incansablemente en defensa de la dignidad de la persona humana, especialmente de los pobres y marginados. En su testimonio, llevado hasta la entrega total, resplandece la dignidad del ser humano.